Quien diría que la vida es infinita,
Todo lo que puede amar, es eterno,
ahora no tengo miedo a la muerte,
es totalmente irracional,
Recuerdo la palabras de Kishna:
“Te lamentas por lo que no debieras lamentarte,
El sabio no se angustia por los vivos ni por los muertos,
pues vida y muerte se desvanecen.
Ni yo ni tú, ni estos caudillos,
en tiempo alguno hemos dejado de existir,
ni dejaremos de ser en adelante.
Así como el Espíritu que mora en el cuerpo pasa en él la infancia, la juventud y la vejes,
así también pasa más tarde a otro cuerpo: el sabio no abriga de esto la menor duda.
Del mundo de los sentidos procede el calor y el frío, el placer y el dolor: son efímeros y transitorios;
van y vienen. Sobre ponte a ellos con valentía.
El hombre a quien ni el dolor ni el placer conturban, y permanece inalterable en toda circunstancia,
es merecedor de la inmortalidad.
Lo ilusorio nunca es; lo real nunca puede dejar se de ser,
verdad percibida por quienes ha penetrado la esencia de las cosas.
Indestructible es Aquel que desplegó el Universo y cuya esencia todo lo penetra.
¿Quién puede aniquilar a este imperecedero Ser ?
Estos cuerpos que aquí ves, frágiles y sujetos a disolución,
no son otra cosa que simples envolturas del Espíritu eterno, indestructible e inconmensurable.
Por lo tanto, decídete a combatir.
Están en un error quienes opinan que el Espíritu mata o se puede matar, pues ni mata ni puede ser matado.
Nunca ha tenido nacimiento, ni tampoco está sujeto a la muerte; no habiendo sido, jamás dejará de ser.
Eterno, no-nato, imperecedero, sin principio ni fin, no se aniquila ni experimenta quebranto alguno
cuando se destruye su envoltura mortal.
Sabiendo, pues, que el Espíritu del hombre es indestructible y perpetuo, y que no está sujeto
al nacimiento ni a la muerte ¿ cómo creer que puede aniquilar o ser aniquilado ?
De la propia manera que el hombre desecha sus viejas vestiduras para ponerse otras nuevas, así también el
Espíritu después de abandonar su gastado cuerpo mortal, toma posesión de otros nuevos.
Arma ninguna puede herirle, ni fuego quemarle,
ni agua humedecerle ni viento orearle.
Porque es invulnerable, incombustible, impermeable e insensible al aire. Es eterno, omnipresente,
inmutable, permanente, siempre uno.
Porque de igual manera que todo cuanto ha nacido debe morir,
así también todo que ha muerto debe infaliblemente renacer. No te apesadumbres, pues, por lo inevitable.
Los seres únicamente se conocen en su estado intermedio: son inescrutables en su origen, antes de nacer,
y en su condición final, después de morir. ¿Por qué entristecerte?.
Unos consideran al Espíritu como una maravilla,
otros hablan de Él como un portento, y otros
oyen hablar de Él como un prodigio, pero nadie
después de oír, es capaz de comprender.
Siendo el Espíritu siempre eterno e indestructible,
no puede recibir el menor daño. Así, no te aflijas
por ninguna criatura viviente.
Quien vive apegado a lo transitorio, sigue los floridos discursos
y prefiere el goce de la mansión celeste
a la eterna absorción de la Divinidad.”
extracto de Bhagavad Gita